sábado, 15 de marzo de 2008

“La reducción de desastres empieza en la escuela”

Por segundo año consecutivo, y con el lema: “La reducción de desastres empieza en la escuela”, ayer se conmemoró el Día Internacional para la Reducción de los Desastres, instaurada desde 1989 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este día, determinado para que sea recordado todos los miércoles de la segunda semana de octubre, tiene como principal propósito, el promover una cultura global de reducción de desastres, incluyendo la prevención, mitigación y preparación de la población.
De acuerdo al informe preliminar de la Secretaría de la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres de las Naciones Unidas , el mismo que se encarga de velar por el cumplimiento de esta disposición, nuestra que desde el pasado año muchos países han iniciado una serie de medidas relacionadas a proteger y preparar a la población estudiantil ante las adversidades de la naturaleza. Del mismo modo, vienen mejorando las condiciones estructurales de los planteles educativos, para de esta forma, no sólo asegurar una buena preparación en conocimientos, sino el proteger la integridad física de los educandos.
Pero al margen de todas estas acciones que sería bueno emular, viremos nuestra atención a lo acontecido el 15 de agosto en el departamento de Ica, el terremoto no solo dejó sin viviendas a miles de familias, sino que ha privado del derecho a la educación a miles de niños de las localidades afectadas por la catástrofe. Y qué pasó, las estructuras de estos planteles no estuvieron diseñados para soportar un sismo de esa intensidad, o es que simplemente a nadie le importó tomar en cuenta las medidas de seguridad al momento de edificar los ambientes, que más que ser simples aulas, son lugares donde los niños y adolescentes reciben su enseñanza elemental.
Puno ni otros departamentos del país son una excepción a este problema. Cada año al inicio de las labores escolares o cuando los Comités de Defensa Civil haces las inspecciones de rigor, somos testigos de cómo sale a la luz la caótica situación de inseguridad de las instituciones educativas. El último reporte emitido por el entonces titular de la Dirección Regional de Educación, Rómulo Borda Ascencio, daba cuenta que un 60 por ciento (y quizá más) de centros de enseñanza eran simplemente una “bomba de tiempo” para los estudiantes.
Se imaginan si el terremoto de aquel luctuoso 15 de agosto, se hubiera registrado en horas de clase, tal vez los muertos no alcanzarían los 594, sino se contarían por miles, que claro eso nadie espera que suceda; sin embargo eso no escapa de poder ser una realidad.
Es necesario mencionar -a pesar de ser otro tema aún más delicado- sobre la inseguridad de los ambientes donde vienen funcionando las academias preuniversitarias, que también son un peligro latente. Como olvidar aquel 19 de abril del 2002, donde 12 jóvenes vidas perecieron al ser aplastadas por el macizo concreto de su improvisada y hacinada aula de la desaparecida academia Nueva “G”. Por más de dos semanas el tema fue tocado por los diferentes sectores involucrados, pero a la fecha no se sabe quiénes son los culpables; si el dueño, por tener un ambiente inadecuado para el funcionamiento de su academia, o si el sector educación por no controlar la legalidad de estos centros de preparación; o quizás el municipio por no supervisar las licencias de funcionamiento, o tal vez las oficinas de Defensa Civil por no inspeccionar las condiciones de seguridad de los establecimientos de enseñanza; o por último, los padres y los propios estudiantes al no exigir que se respete la integridad física de los que asistían a este lugar.
Está más que claro, “La reducción de desastres empieza en la escuela”. Sino comenzamos a impulsar o iniciar las acciones que les brinden mayor seguridad a los estudiantes, no solo en la buena calidad de la infraestructura, sino lo más importante, que se les imparta una verdadera Cultura de Prevención, partiendo de temas relacionados a su entorno, vale decir, la identificación de los peligros de su propio plantel educativo; luego que conozcan los principales fenómenos naturales que pueden generar desastres o calamidades en el ámbito del lugar donde viven, y posteriormente prepararlos para que los enfrenten adecuada y oportunamente.
Que no se malinterprete, la naturaleza no es maligna, por el contrario es beneficiosa, sólo imaginemos que haríamos sin las lluvias, las inundaciones, las heladas y hasta los sismos (dicen que gracias al terremoto de Ica, proyectarán una ciudad modelo).
Lo que falta es que desde niños se les enseñe a convivir con la naturaleza y no a odiarla, porque quién nos mandó a vivir en zonas inundables o a las faldas de un cerro que amenaza deslizarse, o tal vez dentro de las quebradas o valles, sin ni siquiera tomar en cuenta que son lugares donde cíclicamente se presentan huaycos.
Reflexionemos desde ahora y no sólo cada segundo martes del mes de octubre para ver cómo nos acechan los peligros naturales -también los provocados por el hombre-y que la única forma de prevenirlos o mitigar su impacto, preparándonos. No olvidemos que si los niños lo pueden hacer, todos lo podemos hacer... la reducción de desastres, sí empieza en la escuela.
(10/10/07)
Héctor Chambi Holguín