viernes, 7 de marzo de 2008

Los sismos sí avisan

Aunque sea demasiado tarde para recordarlo, pero Hernando Tavera, director de sismología del Instituto Geofísico del Perú, en una de sus últimas visitas a la ciudad de Puno -11 de junio de 2007-, con cierto sarcasmo por la incredulidad de muchos que lo escuchaban, afirmaba que desde la costa central hasta el extremo sur del país, se esperaba la presencia de un movimiento telúrico de gran intensidad que incluso superaría el registrado el 23 de junio del 2001 en el departamento de Arequipa y Moquegua (magnitud de 6.9 grados en la escala de Richter), el cual era cuestión de tiempo para comprobarlo, y que las autoridades competentes debían de hacer algo por mitigar los efectos destructivos que ocasionaría en la población más vulnerable; sin embargo, después de lo sucedido el pasado 15 de agosto en los departamentos de Lima e Ica, nos damos cuenta que no estamos preparados para soportar un desastre de esa dimensión, a pesar que lo advirtieron.
Sin ánimos de alarmar, el mismo Tavera, con cierta discreción, indicó que Puno no estaba exenta de ser testigo presencial de un movimiento telúrico de gran magnitud, debido que está ubicado entre las zonas 2 y 3 de ocurrencias de sismos en todo el país. Además se halla situada dentro de una falla geológica denominada: Sistema de Falla Ayaviri Copacabana (SFAC) conforme lo asegura el director de la Estación Sísmica de la Universidad Nacional del Altiplano, Newton Machaca Cusilayme.
Tales situaciones nos ponen en riesgo aún más grave, ya que de suceder un sismo que sobrepase los 7.0 grados en la escala de Richter, Puno se vería afectado en cerca del 80 por ciento en su infraestructura. De acuerdo al censo del 2005, la región Puno cuenta con una población de más de un millón 300 mil habitantes, el que ha ido en aumento desde 1981 (910 mil 377 habitantes) en un promedio del 30 por ciento, de los cuales su gran mayoría de pobladores han edificado sus viviendas sin un criterio técnico profesional ni una adecuada distribución urbanística que se denota tanto en el centro de la ciudad como en el casco urbano.
Muchas de las viviendas no tienen la respectiva licencia de construcción, o si la tienen simplemente no la respetan, al punto que hay predios que presentan estructuras iniciales sólo para dos niveles, pero éstos con la intensión de ganar espacio vertical o aéreo se elevan hasta el tercer o cuarto piso, sin tal vez medir los riesgos a los que se exponen frente a un sismo.
Ya para nadie es novedad que en los predios se estile tener como comodidad, el hacinamiento, al extremo que se vulneren los diferentes reglamentos que se abocan a las restricciones que debemos de tener al momento de edificar nuestras viviendas. Inclusive se tiene casos que en edificaciones hechas para domicilios, funcionen como planteles educativos, los cuales no reúnen con las normas de seguridad en Defensa Civil (pasadizos angostos, salones pequeños, poca iluminación, patios reducidos, entre muchas de las carencias).
Considero que el riesgo aún mayor, es la vulnerabilidad social y educativa que en la actualidad tienen los puneños, es decir la débil organización en barrios, urbanizaciones y en los mismos comités de Defensa Civil regional, provinciales y distritales para reaccionar adecuada y oportunamente frente a un desastres o emergencia. Otra de las fragilidades es la poca preparación u orientación que se les imparte a los estudiantes sobre los peligros que traen consigo los fenómenos naturales.
No olvidemos que en nuestra región se han presentado varios sismos, los que quizás muchos de nosotros no los hemos percibido o tomado con la seriedad del caso. En 1947 el distrito de Ollachea, provincia de Carabaya soportó un sismo de gran magnitud que ocasionó cuantiosos daños sin pérdidas de vidas humanas; el 9 de abril de 1928, se registró un seísmo en el distrito de Ayapata (Carabaya) que fue narrado por el historiador de apellido Salgado, quien describió lo sucedido como detonaciones subterráneas que luego provocó el desprendimiento estrepitoso de enormes bloques de hielo del nevado Allincapac. También relató que se veía derrumbes de los taludes del río Esquilaya, formando una gran laguna artificial que más tarde se rompió. No se tiene datos de muertos o desaparecidos.
Posteriormente en 1997 en la ciudad de Puno se sintió un sismo de más de 5 grados en la escala de Richter, que causó alarma en la población y leves daños materiales. En 23 de junio del 2001 a consecuencia del terremoto en la costa de Arequipa, las localidades de Santa Lucía, Juliaca y la misma ciudad de Puno se sintió un sismo promedio de 3 grados. Ya el 9 y 18 de febrero del 2005 Ollachea soportaba dos sismos de regular intensidad (por ubicarse en un “domo tapón” geomorfológico); el 2 de junio de ese mismo año a las 05:01 horas a 25 Km sureste de Puno se sintió un sismo de 4.6 grados; el día 14 de ese mes, otro movimiento telúrico de intensidad 3.0 grados en la escala de Mercalli remeció el sur de la región a causa del terremoto de Chile.
Otro sismo de igual intensidad se percibió el 11 julio del 2005 a las 02:17 horas a 74 Km noreste del distrito de San Gabán (Carabaya) con grado de 3.0 en la escala de Richter y con una profundidad de 27 kilómetros.
En este año, el 27 de mayo a las 05:17 horas un remezón telúrico de 4.3 grados sacudió varias provincias de Puno; ahora el último registrado el 15 de agosto fue percibido en las provincias de Melgar, Moho, Huancané y Lampa con una magnitud aproximada de 3.0 grados. Luego de ser concientes que estamos expuestos a los sismos, únicamente nos queda decir que a los desastres no sobreviven los más fuertes sino los mejor preparados.

Héctor Chambi Holguín