viernes, 7 de marzo de 2008

La inseguridad de la Navidad y Año Nuevo

Para nadie debe quedar en el baúl del olvido, lo acontecido el 29 de diciembre del 2001 en el conocido emporio de Mesa Redonda en la ciudad capital, donde más de 300 personas perecieron bajo el calcinante fuego de los productos pirotécnicos, todo por una negligencia que pudo ser evitada, si tanto Defensa Civil, la Policía Nacional y la municipalidad de Lima, hubieran puesto mano dura a este ilegal tipo de comercio (Ley Nº 27718, Ley que regula la fabricación, importación, depósito, transporte, comercialización y uso de productos pirotécnicos).
Sin caer en los extremos, algo similar podría pasar en los dos grandes centros comerciales de tanto de Puno como de Juliaca, me refiero a Bellavista y Túpac Amaru, donde en estos últimos días la venta soterrada de pirotécnicos que van desde el letal rascapié hasta los siniestros cohetes de Troya, que sumados a otros productos altamente inflamables (ropa, juguetes de plástico, bebidas alcohólicas y hasta balones de gas) desatarían un incendio de proporciones descomunales.
A este peligro latente se le puede añadir que los comerciantes han invadido los pasadizos con su mercadería, imposibilitando que en un supuesto incendio las personas puedan evacuar los ambientes; además que no sabrían por donde salir al no contarse con señalizaciones ni mucho menos extintores para poder controlar el fuego focalizado y así evitar que se propague.
Nuevamente la responsabilidad recae sobre las instituciones encargadas de exigir que los comerciantes respeten una serie de medidas de seguridad. Las oficinas de Defensa Civil que van desde el gobierno regional hasta las municipalidades distritales, así como el Ministerio Público y la Policía Nacional del Perú, debieron con meses de anticipación desarrollar operativos inopinados -y no sólo días antes de las fiestas navideñas y del fin de año- y de haberlo hecho exigir bajo sanción pecuniaria que se respete las observaciones realizadas en los plazos establecidos. Pero como se diría, qué podemos exigir en un país como el nuestro, donde las leyes, normas, reglamentos, disposiciones y otros más, están para burlárselas o simplemente transgredirlas o quizás arreglarlas con algún soborno.
Otro problema que cada año emerge por estos días, es la inseguridad de los locales de diversión nocturna (discotecas, video pub, night club, tragamonedas y otros que de manera improvisada son abiertos en estas fechas), que con toda certeza puedo afirmar que no reúnen con las condiciones de seguridad.
Si uno estos locales pudo obtener su certificado de seguridad en Defensa Civil, en la fiesta de fin de año infringen su propio plan de seguridad -si lo conocen todos lo que trabajan en local-, una de estas observaciones es que no respetan el aforo establecido en su plan, otro es que por llenar de gente, comienzan a invadir con mesas y sillas las rutas de evacuación.
Pero qué decir de los extintores, estoy seguro que ni el mismo dueño del establecimiento ni el más reacio de los mozos sabe cómo emplearlo. Otro de las situaciones comunes son las puertas de emergencia, que según los reglamentos de seguridad, deben permanecer operativas, es decir que de presentarse una emergencia la gente podrá usarla para evacuar; sin embargo permanecen sin la debida señalización que las haga visible y más todavía con candado y con una cadena.
Los propios dueños saben que la probabilidad de que ese mismo día vaya un inspector técnico a verificar si reúnen con las condiciones de seguridad o si levantaron las observaciones, es casi nula, por ello les interesa poco respetar la integridad física de sus clientes o visitantes ocasionales.
De los que han visto una necesidad asistir a los centros de comerciales para realizar una compra navideña, es recomendable que no lleven a sus menores hijos, y se percaten de las vías de escape. Asimismo, de suscitarse un incendio, mantener la calma y salir de manera organizada.
Ahora los que han decidido asistir a un local de diversión nocturna para festejar el año venidero, lo primero que deben hacer es exigir al mozo o propietario del establecimiento que exhiba la capacidad máxima de asistentes. Del mismo modo el plano de evacuación, así como las rutas de salida y la puerta de emergencia. Solo de nosotros depende que esta navidad y fin de año sean realmente de alegría y reflexión y no de pena y tragedia.

Héctor Chambi Holguín