viernes, 7 de marzo de 2008

Cuando sea demasiado tarde… ya no habrá mucho que hacer

“Gallinazo no canta en las alturas”, esa podría ya no ser una metáfora que se solía emplear para indicar que no todos tenemos ciertas destrezas para hacer algunas actividades en un determinado momento y lugar, ya que ahora sí podemos decir que “Gallinazo (el ave carroñera) sí canta en las alturas”, debido que desde hace tres años en los distritos de Taraco y Huata, se tiene la singular visita de 13 de estos zopilotes que desconcierta su presencia, ya que son animales que tienen como hábitat natural las zonas de costa y selva. La aparente pérdida de la noción del lugar y la intuición fallida por dirigirse a zonas cálidos -lo que no sucede en el altiplano puneño-, es una muestra palpable del trepidante cambio climático que viene atravesando nuestro país y el mundo entero.
Pero, el tema de las plúmbeas aves de carroña, son sólo una muestra del amasijo de problemas referidos a los efectos del calentamiento global y porque no decir del mismo oscurecimiento global, que en la actualidad desencadenan un abanico de engorrosas y preocupantes situaciones en la salud de la población, la pérdida de los sembríos, tanto por los cambios bruscos de las temperaturas, como por la ausencia de agua, éste último es de necesidad en varias provincias de nuestra región Puno. A esto se adhiere la acelerada muerte de animales de pastoreo, a causa de la escasez de manantiales y bofedales.
Carabaya, ubicada al norte de la región Puno y asentada a 4,300 metros sobre el nivel mar, es una de las tantas muestras de cómo el frío extremo va en aumento, apoderándose de las frágiles vidas de los niños que padecen neumonía crónica. La afectación de los vastos terrenos de pastizales, es un problema aparte, debido que son dañados por las crudas temperaturas.
El frío que se asemeja a un congelador (20 grados bajo cero), no es todo lo que preocupa a los pobladores de las zonas altoandinas, que por décadas son criadores de alpacas y llamas, sino el calor incesante de las mañanas, que ya no te calienta la piel sino te la quema.
El clamor no termina ahí, porque las ráfagas de vientos acompañados de polvareda que oscilan entre tenues y espesos, han ocasionado que centenares de camélidos sufran de ceguera o estén a punto de perder el ojo afectado.
La comunidad de Queracucho, distante de Macusani (capital de la referida provincia) a 17 kilómetros y a una altura de 4,900 metros sobre el nivel del mar, es uno de los tantos lugares que vive en carne propia el angustioso cambio climático, al estarse secando sus contados ojos de agua, sus manantiales y los esmirriados bofedales, que son el único sustento hídrico para ellos y sus animales, ya que el agua de los ríos no son confiables, por estar contaminados por los relaves que vierten las mineras informales y las legales (como las llaman los citadinos).
Carabaya es sólo un ejemplo de cómo se vive al margen de la desesperación de ver que la naturaleza cambia vertiginosamente sin que el comunero pueda hacer algo al respecto.
De acuerdo a los datos estadísticos que maneja el meteorólogo, Eleodoro Aquize Jaén, quien fuera por 25 años director del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) de la región Puno, se está viviendo un déficit de lluvias. Entre la temporada pluvial de este año como el del 2006 (por citar un ejemplo), se produjo una disminución de lluvias de un 20 por ciento, anormalidad que ha provocado pérdidas en el sector agrícola.
Conforme a las apreciaciones del especialista, y las cuales comparto, el Senamhi en los últimos años ha venido soterrando la verdadera información, como si fuera un “secreto militar”, pero lo correcto, es que lo difunda abiertamente (y no sólo cuando uno lo solicita) para que los distintos sectores gubernamentales y privados tomen como referencia las estadísticas que les ayuden a realizar trabajos de prevención en las zonas de alto riesgo natural y a la vez preparar a la población más vulnerable frente a los desastres o emergencias que en el último quinquenio ha venido en aumento.
Sólo para citar los daños ocasionados por los fenómenos naturales, y en un reducido número por la acción del hombre, del 2000 al primer trimestre del presente año, se han presentado 26 mil 572 familias damnificadas más de 10 mil afectadas y un promedio de 100 muertos, en un total de 530 emergencias, conforme lo registra en sus archivos el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci).
Una muestra del decaimiento de las lluvias, es la disminución lenta pero escabrosa de la cota normal del lago Titicaca, que ha ido cerrando su brecha de sus niveles en los últimos 70 años. El mismo meteorólogo, indicó que en el año 1940 el nivel del agua descendió en seis metros respecto a su nivel promedio, alcanzando los 3,803 metros, mientras que en 1986 su cota se incrementó en tres metros, llegando a los 3,813 metros. Tanto la disminución como el aumento de las aguas ocasionaron una serie de daños que fueron desde sequías bíblicas hasta destrozos de ingentes infraestructuras sociales por las inundaciones.
Desde hace miles de años el lago Titicaca ha mostrado una serie de cambios en su espejo de agua, según Claude Dejoux y André Ildis precisan en su libro: “El lago Titicaca Sistema de Conocimiento Limnológico Actual”, que en la era cuaternaria (hace 1,64 millones de años), se registraron cambios climáticos que fueron desde un medio relativamente caliente, a bruscos enfriamientos que dio inicio a la glaciación. Pero con el transcurrir de los años estos glaciales comenzaron a derretirse, provocando que las zonas con hundimientos a causa de la serie de deformaciones geológicas se llenaran de agua, formándose el lago Titicaca que en esa época ocupó una extensión de 52,000 Km2, llegando a cubrir gran parte de terrenos de Perú, Bolivia y Argentina.
Sin embargo, otra alteración en el clima ocasionó sequías prolongadas que trajeron como consecuencia que el lago Titicaca se redujera a una extensión de 8,560 Km2, de los cuales un promedio de 5,600 le corresponde actualmente al Perú. Como muestra de la existencia de estos niveles, tanto en el lado peruano como boliviano se ven los afloramientos marcados por depósitos gruesos al pie de las márgenes de las cuencas y por depósitos finos al centro de las mismas.
Por decirlo así, hemos comenzado a vivir una época de secas, que esperemos no se prolonguen como hace miles de años atrás, digo esto porque desde el 2004 las zonas altoandinas de la región se vive la escasez de agua, sólo recordemos como los pobladores de las partes altas de la provincia de El Collao (Capazo, Conduriri y Mazocruz) empezaron a reclamar a grito pelado que sus pocos afluentes no sean llevados a Moquegua, por ser testigos de cómo cada año los otrora ríos caudalosos, disminuían con asombro.
En Macusani la situación es similar, en los meandros que han dejado los ríos, sólo se aprecia un ligero hilo de agua que amenaza con desaparecer si las lluvias no se presentan en su temporada natural (desde setiembre hasta marzo).
Lo que pude notar y según algunas versiones de los moradores tanto de Macusani como del distrito de Ananea (provincia de San Antonio de Putina), los nevados de Allinccapac y La Rinconada, que pertenecen a la cordillera Oriental, también sufren una disminución en su capa de nieve, que antes se creía que era “perpetua” y que ahora decaen con aceleración, todo a causa del calentamiento global.
En un documental de la BBC de Londres (publicado hace varios años), la responsable del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty en Alemania, doctora Beate Liepert, precisaba sobre los descensos de las temperaturas en diferentes partes del mundo. En una de sus intervenciones advertía que desde 1950 a 1990, la temperatura ha descendido en un nueve por ciento, provocado éste por el dióxido de carbono y otros elementos químicos perniciosos que se alojan en la atmósfera, produciendo una capa grisácea que evita que los rayos solares ingresen a ciertas superficies de la tierra.
Del mismo modo, el científico y profesor de la Universidad de California en Estados Unidos, Veerabhadran Ramanatha, explica que el cambio climático conocido como el oscurecimiento global, que es otro peligro para la humanidad como el calentamiento global, es causado por la polución por el hollín, los combustibles y otros contaminantes, que expulsan partículas que flotan en la atmósfera y que luego se impregnan en las nubes creando un gran espejo que es difícil de atravesar por los rayos solares.
El calentamiento global es otro tema que preocupa al mundo entero, se estima que para el año 2025 la temperatura aumente en 2 ºC, en el 2040 a 4 ºC y en el 2100 supere los 10 ºC, el mismo que desencadenaría una catástrofe, debido al calor infernal que se sentiría, las selvas tropicales arderían en dantescos incendios y estos humos subirían a la atmósfera, ocasionando el sobrecalentamiento de la Tierra, trayendo como consecuencia inmediata la desestabilización de un promedio de 10 millones de toneladas de gas metano que se encuentra en el fondo del mar y el que es considerado 8 veces más contaminante que el dióxido de carbono, de suceder todo esto, simplemente no viviríamos para contarlo, no creen.
La quema de totorales, que se ha convirtiendo en una “costumbre” en temporada de secas (julio a agosto), es otro de los nutrientes que robustece el calentamiento global. Según la Reserva Nacional del Titicaca, su devastación con el fuego produce mayor cantidad de Nitrógeno y Fósforo que la quema de pastizales, creando inmensas colas de humo que llegan a parar en la atmósfera.
Respecto a la quema de pastizales que cada año devora cientos y hasta miles de hectáreas, con mayor incidencia en las zonas de producción ganadera (Melgar y Azángaro). En estos terrenos podría nunca más retoñar un minúsculo grano de avena o un silvestre ichu, porque la contaminación producida por los incendios, están ocasionando el desvanecimiento de las nubes y el alejamiento de las lluvias que en un tiempo no muy lejano dejarán los campos en desiertos.
La cruda realidad del aumento de la contaminación de nuestro entorno natural, se evidencia en el estado actual del lago Titicaca, que a decir de los entendidos en el tema, sino comenzamos a descontaminar su bahía en los próximos 10 años, simplemente dejaría de ser considerado como una de las reservas hídricas del planeta, ya que en la actualidad su condición es eutrófica, es decir que contiene un alto grado de productividad (fitoplancton y otros nutrientes) ocasionado por la contaminación perversa de las aguas servidas.
De no frenarse esta salvaje situación, de aquí a unos años pasará a ser oligotrófica, es decir con una baja cantidad de productividad y en 10 ó 30 años, nuestro lago, aquel que da cobijo a cientos de aves y peces, como a decenas de islas flotantes de los Uros y otras que se encuentran enclavadas en peñascos y porciones de tierra (Taquile y Amantani), desaparecerán, porque serán aguas virulentas con la denominación de distróficas al convertirse en una cloaca, donde su amplio espejo de líquido no será recuperable por la falta de nutrientes naturales. Similar desgracia atravesarían las lagunas de Arapa, Umayo y Lagunillas entre otras, filtrándose la contaminación generada por los mismos habitantes del lugar.
La primera alternativa para controlar o disminuir la contaminación del medio ambiente en la región Puno, el Perú y el mundo entero, será la producción y utilización de combustibles bajos en azufre, la implementación de catalizadores en los vehículos, evitar las quemas de totorales, pastizales, árboles y otros productos nocivos para la atmósfera y empezar a concientizar a la población en el uso y manejo de residuos sólidos que cada vez atizan el deterioro y alteración de nuestro hábitat.
Asimismo, se tendrá que incentivar al empleo de las nuevas tecnologías para la generación de energía como la eólica, la solar y la basada en el etanol, los que reducirán ostensiblemente la contaminación y por ende el calentamiento global.
Por el lado del Senamhi, aparte de impulsar el monitoreo constante de los climas, tendrán que invertir en las investigaciones científicas que nos alerten ante un peligro climático y así tener claro qué hacer para mitigar los daños por los fenómenos naturales. Otra función se abocaría a vigilar los grados de deglaciación para advertir de posibles sequías y comenzar a represar agua.
Entre tanto el Estado a través de la actual comisión especial del Congreso: “Cambio Climático y Biodiversidad” tendrá que evaluar, proponer los lineamientos y las políticas destinadas a proteger ambos elementos. Además recomendar las medidas para menguar y revertir los efectos del cambio climático en nuestro país.
Del mismo modo, incentivar estudios e investigaciones que permitan conocer los costos y beneficios de preservar áreas naturales o emplearlas para las actividades humanas, de esta manera hacer el uso debido de los recursos naturales del país que contribuya a mejorar las condiciones de vida y de ingreso económico de la población.
Estamos advertidos que sino frenamos la contaminación de nuestro ambiente y con mayor énfasis del lago Titicaca, en un promedio de 30 años, este milenario tutelar de Puno, quedará reducido a un famélico reducto de ponzoñosas aguas verdes, que ya no más albergarán a los ágiles Zambullidores, las Chocas, los Tiquichos, los inquietos patos negros, los gallinazos, la variedad de peces oriundos y la amplia extensión de totora, porque tristemente serán reemplazados por una peste de gusarapos, que también estarán condenados a desaparecer y quizás luego a reaparecer cuando el mundo se haya calmado, pero ya sin la presencia del ser humano.
Héctor Chambi Holguín